La característica principal del Suroeste antioqueño se centra en el cultivo del café y en la tradición cultural heredada del arriero paisa, pero, para fortuna de esa región y del departamento, sus tierras huelen también a otros cultivos, sus climas son de variadas temperaturas y las actividades culturales y sociales son de diferentes matices, dependiendo de la zona donde se produzcan.

Algunos de sus 23 municipios se ubican cerca de Medellín, como Amagá, Venecia y Santa Bárbara, que distan poco más de una hora de recorrido por tierra. La tradición de estos 6.733 km² ha sido la agricultura, pero el fácil y rápido acceso desde Medellín ha generado otras actividades económicas.

El gozar de paisajes naturales de notable belleza con predominancia de las montañas andinas y el tránsito del río Cauca entre ellas ha motivado el fortalecimiento del turismo, con una oferta amplia de zonas de descanso y esparcimiento, infraestructura hotelera y espacios aptos para la práctica de deportes extremos y de aventura. Esa suma de fortalezas ha permitido que la presencia de visitantes y turistas de Antioquia y otras zonas de Colombia sea ya un acto cotidiano.

La región del Suroeste antioqueño es hija de la llamada ‘Colonización antioqueña’, la misma que en el siglo XIX partió de otras regiones como el Oriente y el Valle de Aburrá, y se extendió hasta el Eje Cafetero y el norte del Valle del Cauca y del Tolima. Esos colonizadores buscaron nuevas tierras para trabajar, a su paso abrieron caminos, fundaron pueblos y extendieron su cultura a nuevos territorios; de allí que el típico sentir paisa se viva en su esplendor en casi el 100% de este territorio.

El paisa, históricamente, ha sido rezandero y creyente, por eso en cada pueblo se levanta una iglesia que vigila su parque principal. Muchas de estas edificaciones son joyas de la arquitectura colombiana, como La Inmaculada Concepción, de Jardín; otros son centro de devoción que atrae visitantes de tierras lejanas, como ocurre con los de Jericó, gracias a la veneración a la Madre Laura Montoya, primera y única santa colombiana, quien nació en este municipio.

Pero el Suroeste también es carbón, con minas en Amagá y Angelópolis, principalmente una zona conocida como Sinifaná, por una quebrada del mismo nombre que la cruza; es terreno selvático en gran parte del extenso territorio de Urrao y en límites con el departamento del Chocó en Ciudad Bolívar, Betania y Andes; y es tierra caliente apta para la ganadería en el cañón del río Cauca, corriente que se ve obligada a estrechar su cauce para cruzar entre las cordi-lleras Central y Occidental. Así, forma un paisaje que invita a contemplarlo desde las colinas y cerros andinos que rodean el paso de uno de los ríos más importantes del país.

Esta región es cruzada por la Troncal Occidental, que une la Costa Caribe con el Occidente de Colombia, y por la denominada Troncal del Café, que se adentra por la región y conecta a Antioquia con el departamento del Chocó.

Estas tierras permiten ascender a un páramo, caminar por rutas prehispánicas, practicar el senderismo, alojarse en finca-hoteles, conocer el proceso de producción del café, conocer museos,  sobrevolar en parapente, sentir la adrenalina del rafting, ascender a montañas como Cerro Tusa —una pirámide natural que fue centro de veneración de habitantes precolombinos— y conocer comunidades indígenas que conservan gran parte de sus tradiciones milenarias.

El Suroeste antioqueño es una zona de aventuras que colma todos los gustos. La cultura paisa es representativa y florece en casi todo espacio, pero su diversidad natural y cultural es una invitación a conocerla, recorrerla y volver a ella.